16/5/14

Alfonso XIII de Borbón y el golpe de Estado de Primo de Rivera

El capitán general Primo de Rivera, con el beneplacito del rey, dio un golpe de estado que triunfó y en consecuencia suprimió las Cortes y acumuló todo el poder por medio de un directorio militar que gobernaría el país. Además, prohibió los partidos políticos y censuró la prensa.
    La población reaccionó con relativa indiferencia pues estaba, en cierto modo cansada de la constante inestabilidad. El dictador para ganarse la confianza de los partidos de la oposición, llega a acuerdos con el Partido Socialista y con los nacionalistas catalanes a los que promete respetar la autonomía de su territorio. Pero pronto, por la presión del ejército, retira la confianza al nacionalismo catalán e inicia una dura represión que prohibió las instituciones catalanas, el uso del catalán incluso la sardana, el baile regional de Cataluña. 
 
   Una vez recuperado el orden, la dictadura obtuvo éxitos en algunos aspectos de la vida nacional. De esta manera, se logró en 1927 la total pacificación del protectorado español en Marruecos. También se aprovechó la etapa de prosperidad económica mundial posterior a la Primera Guerra Mundial y se  realizaron importantes obras públicas: carreteras, ferrocarriles, puertos y obras hidráulicas. También se crearon grandes monopolios públicos como la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) y la Compañía Arrendataria de Monopolio de Petróleo (CAMPSA).
Pero el regimen era fuertemente impopular, especialmente para los intelectuales (recordemos como Unamuno, por ejemplo, fue expulsado de la universidad por criticar la dictadura); así como para los partidos políticos de izquierda, nacionalistas y los sindicatos. La crisis mundial de 1929 alcanzó también a España y contribuyó en la caída de la dictadura.
    Primo de Rivera dimitió el 28 de Enero de 1930, afixiado por todos: partidos contrarios -al frente republicanos de izquierda-, el descontento social provocado por el paro que trajo la crisis de 1929 y la presión internacional de las democracias europeas. La monarquía también retiró su apoyo al dictador, pero no sobrevivió mucho más tiempo.
    En 1930 el general Belenguer sustituyó a Primo de Rivera con  el compromiso de realizar las reformas necesarias para establecer un cambio de sistema. Pero las reformas avanzaban con enorme lentitud lo que pronto motivó la desconfianza generalizada en el proceso. En 1931 el rey se ve obligado a sustituir a Belenguer por otro general, Aznar para que agilice las reformas.
Por fin se convocaron elecciones municipales en abril de 1931 en las que pueden participar de nuevo todos los partidos políticos prohibidos durante la dictadura. La sensación popular era que se trataba de un plebiscito a la monarquía: si los partidos monárquicos perdían, el cambio de sistema y la implantación de la República serían imparables. Y esto fue lo que sucedió. Aunque en los pueblos y pequeñas ciudades ganaron los partidos monárquicos (donde el caciquismo era mucho más influyente),  en todas las grandes ciudades  triunfaron los partidos republicanos. De modo que en un ambiente de euforia  apenas dos días después, el 14 de abril de 1931, fue declarada la Segunda República Española, y un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora se hizo cargo del país. Ese mismo día el rey abandonó España camino del exilio.



Libro EL ÚLTIMO BORBÓN http://www.edicionesirreverentes.com

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